Tuesday, April 23, 2013

Maybe it's part of growing up, or maybe I'm just tired of being unhappy.

¿Sabéis? Hay algo sobre los cuartos desordenados, los coches destartalados, el pelo alborotado, la ropa rasgada y las camas deshechas que me fascina. No creo realmente que tengan ningún encanto en especial, simplemente hay algo sobre todas esas cosas que me hace pensar que la persona que las lleva no tiene aún su vida resuelta, que aún no sabe qué esperar de toda esta contínua incertidumbre a la que todos llamamos vida, y eso, extrañamente, me gusta. Llevo tanto tiempo quejándome sobre el desastre de vida que llevo, que jamás me había parado a pensar en la belleza de todo ello, de ir forjando tu camino paso a paso sin saber qué te esperará mañana, ni qué consecuencias tendrán tus actos, simplemente vivir día a día, desordenando lo que otros ordenan, pisando fuerte y sin cuidado de no mancharte. Siempre, desde pequeña, me decían que era un completo desastre, hasta que un día unos pequeños y envejecidos ojos miopes, me miraron bajo un ceño fruncido y exclamaron: "¿Es que no te das cuenta? Una mente ordenada puede aparentar ser muy práctica, pero una mente desordenada, es la mente de un artista, es una mente que produce tantas ideas que jamás podrán ser ordenadas."  No sé, llamádlo conformismo, pero el caso es que he aprendido a encontrar la belleza en todo el caos y desorden que me rodea, he aprendido a aceptar la mayoría de errores y sigo esperando que llegue el día en que me levante y los haya aceptado todos, porque sé que ese día llegará. A lo mejor esto se experimenta como parte de un aprendizaje, como parte del proceso de crecer, o quizás es que simplemente me haya cansado de ser infeliz, y por ello he decidido encontrar un orden dentro de todo este caos y por eso voy a seguir sin hacer la cama por las mañanas, porque según como lo mires esa puede ser mi rutina, mi orden diario.

Sunday, April 14, 2013

Reality, once again.

Increíblemente, esta noche he vuelto a soñar contigo después de tanto tiempo. Verdaderamente me ha pillado de improvisto, hasta yo misma me he sorprendido, hace mucho que no te paseas por mis pensamientos y de pronto, como solo tú sabes hacerlo, apareces de nuevo de la nada. El sueño era tan real y a la vez tan irreal e imposible. El lugar y la situación eran totalmente absurdos, pero tu cara era tan real, tu gesto, eras tan... tú. Me acercaba, te tocaba y no había duda, eras tú otra jodida vez y de nuevo el corazón se me encogió como no se me había encogido desde que decidí que ya no me importabas. Y entonces, estiré la mano y te toqué una vez más, mientras me soltabas una tontería de esas sin sentido que acostumbras a soltar para hacerme rabiar y te reías, esperando mi manotazo y algún insulto, como de costumbre, pero yo solo te miraba tristemente y tu cara derrepente se convirtió en un gran signo de interrogación, después te acercabas, como te has acercado tantas veces y me mirabas como nunca me has mirado, y fue justo cuando caí en la cuenta de que eras solo un sueño más, aunque eso no fuera motivo suficiente para provocar mis ganas de hacer que terminara. Al abrir los ojos esta mañana, todo era demasiado confuso, pero entre vuelta y vuelta al café caliente, que me estaba naueseando, el dolor irremediable de cabeza tras una larga noche de tragos de ron de garrafón y el insoportable dolor de pies, me recordaron que eso solo había sido un sueño sin importancia alguna, que vivimos vidas totalmente paralelas desde hace mucho tiempo, que tú y yo hace mucho que no tenemos nada que ver el uno con el otro. Le dí un trago al café humeante y descrucé los pies de encima de la silla para dejarlos tocar el suelo. La cafeína y su increíble poder para ponerte los pies sobre la tierra.

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