Tuesday, November 27, 2012

Don't cry, simply remember.

Parece que hayan pasado solo dos segundos pero al mismo tiempo una eternidad, y aunque miles de cosas estén cambiando constantemente, hay otras pocas que no cambiarán y otras tantas que yo jamás cambiaría. Sí que es cierto que algunas madrugadas, entre la penumbra del sol saliente penetrando entre los agujeritos de mi persiana, aún creo verte, tumbado encima de la colcha de mi cama, tentándome con esa inocente mirada que no sabiamos exactamente lo que implicaba. Que todos los días al pasar por al lado de aquel muro, veo el rastro de calor que dejamos aquella fría mañana de invierno. A veces cuando cierro los ojos nos veo acurrucados en aquellas butacas, a oscuras, empachándonos a besos rotos entre carcajadas. También me acuerdo de la primera vez que te eché de menos, que ni los rascacielos, ni la nieve, ni los detalles navideños de La Gran Ciudad borraban tu imagen de mi cabeza, y que sin quererlo contaba los días que quedaban para volver a verte, que cada paso que daba en la Gran Manzana encontraba algo más que me recordaba a ti, algo más que contarte cuando llegara, ¿quién me iba a decir a mí que ese iba a ser el sentimiento que me abordaría durante tanto tiempo? Jamás olvidaré la primera vez que te vi, no sé si fue el brillo que el ron le dió a tus ojos, pero sé que desde entonces sabía que formarías parte de mi vida, porque de eso ya me encargaría yo. Siempre fuiste mi reto, un hueso duro de roer, pero poco a poco te convertiste en mi pequeño, mi pequeño saltamontes, por el cual no dudaría ni un segundo en saltar a la yugular de cualquiera que se atreviese a mencionarlo. Parece que fuera hace dos segundos, y lo cierto es que, echando la mirada atrás, éramos dos mocosos y lo que daría yo por volver a ser esa mocosa inocente que no sabía nada de la vida. Lo que daria yo por volver a tener a ese pequeño saltamontes revoloteando entre mis labios, por recordar sin que esa lágrima se deslice por mi mejilla, pero también te diré una cosa, si pudiese olvidar, habría cosas que aunque me opriman el pecho, jamás olvidaría.

Saturday, November 24, 2012

Close your eyes, give me your hand.

Eh, pequeña, sécate esas lágrimas de una vez, y abre las manos que los nudillos ya están suficientemente blancos. Cierra esos preciosos ojos y respira hondo, dime, ¿qué ves? Yo cuando cierro los ojos veo un día soleado de playa y un inmenso mar de distintas tonalidades de azul que se extiende ante mis ojos. Veo un viejo castillo y por un momento puedo empezar a oler las algas, la sal, el asfalto achicharrándose. Oigo las olas chocar contra las rocas, de forma calmada y pausada, a las gaviotas sobrevolarme y a esa pesada mosca que siempre esta revoloteando, pero le suelto un manotazo y desaparece, como siempre. Estoy allí y cuando estoy allí todo es calma, todo es tan pacífico, nada falla, entonces es cuando mi respiración se calma, mi corazón se achanta y deja de latir fuertemente contra mis costillas y mi cerebro solo se concentra en el vaivén de las olas.
Una vez, me vi sumamente acorralada, en un callejón sin salida, y cuando mis piernas se cansaron de correr sin rumbo, no tuve más remedio que sentarme y entre lágrimas, en aquella lúgubre calle, cerrar los ojos era lo único que me parecía ser coherente y al hacerlo, en esa fria noche de marzo, sentí el calor del sol en mis hombros y al volver a abrirlos, todo parecía insignificante, porque por mucho que me quitasen, jamás me quitarían ese sitio, esa memoria, ese inconfundible recuerdo, perecedero. Ahora cierra tú los ojos y piensa en lo que ves, todos tenemos nuestro propio sitio, nuestro universo paralelo, ese momento perfecto donde decidimos parar el tiempo y encerrarlo en un pequeño compartimento en nuestro cerebro, a donde acudimoscada vez que nos hace falta llorar y tenemos que ser fuertes, ese sitio que jamás podrá arrebatarte nadie. Inspira lentamente y cuando ya no necesites cerrar los puños, cuando el corazón haya sucumbido a ese precioso recuerdo, levanta la cabeza, que aún hay mucho camino por recorrer y piensa que los puntos se convierten en comas, los cuentos siempre llevan páginas en blanco por detrás, que torres más altas y murallas más consistentes han caído y que los huesos cuando se rompen, si se curan como es debido, jamás se volverán a romperse por el mismo sitio, porque se creará una  soldadura que los hará más fuertes. Nuestro organismo es sabio, y ha llegado la hora de que dejes de pensar, cierres los ojos y te dejes llevar. Al final todo saldrá bien, de una manera o de otra, te lo prometo.

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